martes, 7 de septiembre de 2010

Capítulo 8

Revelación II

Gabriela no tuvo tiempo de entender lo que ocurría, en cuestión de segundos Fényx saltó al piso empujándola, una lluvia de balas destrozaron el cristal de la ventana e impactaron contra las paredes de aleaciones de metal con que estaba hecho el edificio, apretó el cuchillo entre sus manos, se levantó todo lo rápido que pudo y corrió hacia el pasillo que conducía a las habitaciones, pequeñas ráfagas seguían golpeando la sala a través de la ventana, eran balas de metal, eso era seguro, y estaban disparadas desde una larga distancia, de lo contrario habrían atravesado la pared. Corrió por el pasillo a toda prisa, al entrar en uno de los cuartos vio a Evelyn refugiarse en la cocina, en el otro extremo del apartamento. Irrumpió en una de las habitaciones y con la navaja rasgó el colchón para sacar pedazos de sábana y corrió de regreso hacia la sala, una pequeña nube de un extraño humo color naranja comenzaba a crecer en su interior.

—¡Lo que me faltaba! —Exclamó, lanzándose al piso, las ráfagas ya no golpeaban contra la pared, pero no era de fiarse.— ¡Gabriela! Toma, usa esto, no respires este gas.

Al encontrarla le alargó el pedazo de sábana que había cortado, ella seguía tendida en el suelo, mirando todo muy asustada, Fényx lo entendió, no todos los días disparan balas de tungsteno hacia tu casa. Calculó que tenía unos 7 u 8 minutos antes que la policía apareciese, si le atrapaban allí sería su fin.

—¿Por qué tú no tienes uno de estos? —Le preguntó Gabriela, señalando el trozo de sábana.

—Yo no lo necesito.

—¿Por qué?

—No importa, escúchame. —Le dijo, aprovechando el silencio del asedio.— La policía aparecerá de un momento a otro.

—¿Qué cosa? —Le preguntó desconcertada, sin entender nada, mientras respiraba a través del pedazo de tela, que actuaba como filtro.

—Ellos no saben nada. —Continuó Fényx, sin inmutarse.— Pero diles que entré aquí a la fuerza e intenté secuestrar el lugar, de esa manera quedarás libre de todo esto, ni te van a relacionar, no les di tiempo a instalar el sistema espía, posiblemente apenas estaba llegando cuando vieron que me iba y por eso comenzaron a disparar. Así que tú les dirás eso y pedirás que mantengan el área vigilada, para que nadie se acerque. Bueno, de acuerdo, ¿Entendiste lo que harás?

—¡Ni una palabra!

—¡Buena chica! —Dijo Fényx, sin hacerle caso.— Ahora me voy.

Y acto seguido se levantó y corrió hacia la puerta, el censor de peso activó la puerta y esta se abrió a tiempo para saltar por ella, segundos después las balas cayó una nueva ráfaga de balas sobre la puerta. Fényx corrió rápido por los pasillos, lamentó no tener una mejor arma, con ese aspecto seguro cualquiera creería que se trata de un maniático. No usó los ascensores, había cámaras allí y podían atraparle fácilmente dentro de él. Corrió por las escaleras y se precipitó hacia la calle, escondiendo la navaja entre sus ropas de nuevo. Dobló en una esquina y abandono el vecindario, apenas dobló por allí, naves de la policía aparecieron por la otra esquina.

* * *

El crucero privado partió del doceavo puerto de Galadros a las 19 horas, iba rumbo al sistema solar interior, hacia las colonias de la base del monte Olimpus, en Marte. Era lo que podía llamarse un viaje de primera clase, salía de allí en ese momentos dos personajes reconocidos en la federación, uno de ellos era Alexander, actual general de la flota de la Federación, el otro era Carlos, el antiguo ministro de defensa de la Federación, hacia 4 años atrás.

La nave en la que viajaban pertenecía a Carlos, había sido bautizada como Artemisa y había sido fabricada en la tierra hacía varios años, no obstante, el contacto con la Federación y las colonias del sistema solar exterior le permitió dotarse de continuas actualizaciones y era una nave muy versátil.

En esos momentos, Carlos y Alexander caminaban por el puente de mando, ambos examinaban con mucho interés el desempeño de la tripulación, aunque la charla que sostenían era por estricta cortesía, sólo intercambiaban las palabras que consideraban necesarias mientras esperaban el momento propicio para iniciar la autentica discusión, y ese momento llegó cuando la nave salió del área de alcance de la estación de Galadros. Se dirigieron a una habitación que se encontraba en el nivel superior al puente, era una habitación amplia, con ventanales reforzados que permitían observar el espacio exterior, sembrado de estrellas, la visión de la Vía Láctea resultaba sobrecogedora, no importaba cuántas veces se la haya visto, también había en la habitación una inmensa mesa rectangular, no había ningún asiento a la vista, pero ya algunos platos con diversos alimentos estaban servidos sobre ella. Los dos personajes rodearon la mesa, Carlos tomó una copa y la llenó con vino.

—Bueno, ahora discutiremos los asuntos que nos importan, general. —Dijo Carlos, caminando hacia el ventanal y contemplando el espacio con interés.— Como ustedes sabrán, se avecina un gran movimiento, una sacudida al sistema solar exterior, una sacudida que le viene bien merecida.

—Me temo que en eso tiene usted razón. —Respondió Alex, caminando hasta situarse a su lado, aunque contemplaba la mesa en lugar de la gigantesca ventana.— Tenemos problemas serios con Titán, al parecer ha hecho aparición un grupo terrorista que busca la secesión de la Federación. Muy conveniente, ¿No cree?

—Es una guerra necesaria. —Declaró Carlos simplemente.

—Puede que sea necesaria o no. —Respondió Alex.— Pero es a mi gente a quien le están pasando factura, no a la suya.

—En fin, deberán encargarse de sus problemas antes que empeoren, esto sólo es para crear antecedentes en la conciencia de los demás, para preparar el camino. —Dijo Carlos, luego miró a Alex.— Claro, no quiero decir que yo esté involucrado, pero creo saber como piensa esta gente y sé que esa es la idea que está en sus mentes.

—Supongo que la crisis de Titán no es lo que le interesa descubrir a usted, ¿No? —Le lanzó Alex, volteándose también hacia él.— Me trajo hasta aquí por otras cosas.

—En efecto, necesitaré ayuda, y he pensado en colaborar con ustedes. —Respondió Carlos.— Hay cierta organización detrás de todo esto, desconocemos su nombre hasta ahora, pero sí sabemos que tienen actividades en algún lugar dentro del Cinturón de Asteroides, posiblemente su base esté allí.

—Un buen lugar para ocultarse, nadie podría rastrearlos allí. —Agregó Alex. — He oído hablar de esa organización, recientemente hemos tenido problemas con ellos en Andrómeda, casi capturamos a un intruso, un infiltrado quizás, y perdimos a uno que habíamos capturado en Ganímedes.

—Como siempre están mejor informados que yo. —Dijo Carlos.— Los servicios de comunicación de la Federación son envidiables. Perseguimos fines comunes, usted y yo: atrapar a esa organización. Sé que les han seguido la pista desde hace décadas. Pero ellos son más hábiles de lo que usted se imagina. Di con ellos gracias a una especie de Arca de Noé llamada Proyecto Prometeo.

—¿El Proyecto Prometeo? —Repitió Alex.

—Si, un proyecto de investigación y desarrollo de manipulación genética de tercer grado. —Respondió Carlos.— Sé que eso le asombra, hace más de un siglo que están prohibidas ese tipo de investigaciones y experimentos. Pero ellos han seguido haciéndolos, y además, han tenido éxito. El Proyecto Prometeo es la más ambiciosa empresa que haya emprendido la humanidad. Pero debemos detenerla antes que nos destruya.

—¿Y cuál es esa tan ambiciosa empresa de la que habla? —Replicó Alex, hablando con tono irónico.

—¿Qué cuál es? —Rió Carlos con incredulidad.

—Sí, esa es mi pregunta.

—Pues que la humanidad sea capaz de controlar su propia evolución.

2 comentarios:

Nemo dijo...

Vaya vaya, no me lo esperaba, una aparicion repentina, quizas antes de lo previsto por mi, pero muy interesante

Ame el capitulo XD

the_whistle dijo...

La última frase es un tanto asesina; y la historia se ha vuelto sin duda de una atmósfera atrapante.